Mi mochila emocional

Estiro los brazos hacia arriba, intento rozar el cielo, pero no soy capaz de despegar los pies del suelo.

Deseo tanto tocar el cielo con la punta de los dedos, sentir el frescor de las nubes acariciando mi cuerpo, flotar como un pájaro en el aire, experimentar la ligereza de una hoja mecida por una suave brisa.

Vuelvo mi mirada hacia el suelo, busco una explicación, el deseo es tan grande. . . quiero ser feliz.

Me siento cada vez más pesado, me desespero, me obceco, allí arriba está mi felicidad y no soy capaz de alcanzarla. Una enorme y pesada mochila me impide despegar. Por qué la llevo? Qué hay dentro?

Recuerdos, miradas, culpas, complejos, gestos, pensamientos, razones. Herencias que huelen a viejo, no son mías aunque estén conmigo. Están en mí como tatuajes del pasado. Rasco, araño, froto, los restriego en un intento de despagarlos, de romperlos, me duele y no se van. Se irritan y retornan con mayor fuerza, furiosos. Se muestran orgullosos de lo que fueron, de lo que son.

No eran míos pera ya lo son, y parece que lo sean desde siempre. No los quiero, me hacen daño, pero están tan pegados a mí que no puedo deshacerme de ellos.

Necesito desarmarlos, eliminar el lastre para despegar, en este viaje no los quiero, no son necesarios. Me impiden ver más allá, disfrutar de cosas que están delante de mí. Cosas que no se ven, se sienten cerca, están ahí, pero una espesa niebla anticuada les cierra el paso. Y cansado me resigno, a lo que soy?

NO QUIERO!!!

Froto mis ojos, mi corazón me zarandea, se revela. La niebla espesa refracta la  visión proyectando sombras chinescas sobre mi mente que se ve engañada, confundida. Mis manos pelean cansadas y erráticas contra un enemigo intangible, quizás invisible.

Una bofetada de realidad sacude mi ser. Voces reconocibles me despiertan del ensueño, de mi batallar fallido y tiran de mí. Son voces familiares, amigas,  amadas, que se adivinan tras sonrisas cercanas. Como una gran fuerza magnética me arrastran hacia ellas. Me muestro desnudo de recuerdos, vestido de sentimientos rasgados por las heridas profundas de mi combatir emocional, y por fin descanso arropado en abrazos sanadores, palabras tiernas, miradas amantes.

Qué sería de mí sin vosotras?

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