escalera al cielo

Llueve lentamente sobre Zaragoza, como sin querer.

Bajo de un salto del autobús para guarecerme bajo los soportales del paseo. No me gusta mojarme, y menos con esta lluvia tediosa y aburrida.

Voy a una sesión sobre Budismo Zen, en un centro de terapias orientales en la calle Zurita. Todavía faltan 26 minutos para que empiece.

En el Corte Inglés, la planta de deportes es la última. Al pasar por la 2ª planta se muestra frente a mí un enorme cartel de la película «La gata sobre el tejado de zinc», vaya pareja de protagonistas. No puedo evitar quedarme unos instantes mirando embelesado, si yo pudiera. . .

En el siguiente tramo de escalera mecánica, la luz se apaga unos instantes para descubrirme que estoy solo, sólo la escalera continua su monótono ascenso, con su traqueteo incesante.

Noto una mirada clavada en mi espalda. Al girarme unos ojos azules me vigilan por encima de una sonrisa zalamera, desde lo alto de la escalera. Es ella, Elizabeth. Extiende su mano invitándome, pidiéndome que me acerque. Subo torpemente estirando mi brazo para alcanzar su mano. Nos abrazamos.

Una fuerte sacudida me hace abrir los ojos. Una dependienta me urge a bajar del mostrador y a colgar el cartel. Zopenca!, pienso, y expongo un «lo siento» poco creíble.

Mi mano nunca olvidará el contacto de su piel, el cielo.

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