tendre que acostumbrarme…

no medimos igual, es evidente,
no vemos lo mismo, es diferente.
el color del cristal, lo vicia, lo pervierte,
por delante, por detrás, que es lo que viste?

llegar o partir, comienzo o final,
es similar, aunque diferente,
sólo si estas, o de allí ahora vienes,
el ojo te engaña, sólo ve la mente.

sonrisa o sollozo, que cerca se muestran,
una fina línea separa su escorzo,
mueca no verbal, explica y no siente,
mas hiere en lo hondo, donde no me escondo.

tendré que adaptarme, quizá acostumbrarme,
a mirar primero, con ojos capaces,
tomar mi placebo, en dosis enormes,
tomar lo que veo, sin gula sin hambre.

tendré que acostumbrarme, ya es tarde?

desvaríos de un insomne…

cadenas de barro sujetan mi mente,
son lágrimas ácidas, son penas eternas,
son clavos ardiendo, son palabras rotas.
son las que mandaron, sin estar presentes.

mi pasado, altivo, observa indolente,
lluvia pertinaz sobre mi conciencia,
ensucia el recuerdo, mancilla mi esencia,
mantiene un lamento, siempre diferente.

no respiro, no me atrevo, solo miro y desespero,
ya no lucho, no peleo, no litigo, ya no puedo.

los esfuerzos fueron vanos, las esperanzas vencidas,
cada mirada un agravio, cada palabra un tormento,
cada gesto un desafío, que alimenta el desaliento,
estériles artimañas, de ilusiones lamentadas.

agradable sometimiento

Anoche soñé contigo. Tus ojos me miraban, tus labios sonreían, tus manos calmaron mi errático deambular, templaste mi ánimo.

Como un niño me refugié en tu regazo, busqué tu protección. Tu serenidad alimenta mi anhelo, y mi respiración se hace casi imperceptible, serena y pausada.

Qué tienes que me puedes, qué me das que me sustentas, qué poder ejerces sobre mí.

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